Improvisación

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─Te voy a ser muy sincero ─me dijo en forma muy seria─: ─Los improvisados y las improvisaciones me han salido muy caros hasta ahora; tanto en honorarios como en equipamiento. No quiero improvisados ni improvisaciones.

─Ok. Te voy a ser muy sincero yo también: yo improviso, a veces bastante seguido ─dije con mucha seguridad y tranquilidad─. Cuando algo tiene que andar o andar, cuando «las papas queman», o improviso o no anda. No hay otra, o improvisas, o te tapa el agua.

─No es lo que me dijeron de vos ─me replicó en un tono entre desafiante y amenazante─.

─Probablemente porque no lo sepan, pero improviso. ─Dije con una gran tranquilidad─

─En fin. Hablamos mañana, ¿te parece?

─Dale. Con mucho gusto.

Esta charla me quedó en la cabeza bastante tiempo. Dando vueltas y vueltas. ¡Era un tema muy interesante! Yo improviso, y bastante. Al menos eso creo. ¿Improviso? ¿Está bien improvisar?

Yo me sentía orgulloso de algunas de mis improvisaciones. Hay algunas cosas que hice ─y que salieron bien─ que me pusieron oportunamente muy contento, y cada vez que las recuerdo me alegran mucho; pero ahora resulta que esa idea que yo tenía de la improvisación me la habían puesto «en jaque».

En un momento se me ocurrió buscar que decía el diccionario de improvisar, y me encontré con esto: «Hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación.» 

Eso sonaba bastante bien. Esa solución inventada sobre la marcha, y que posiblemente en ningún otro momento hubiera surgido de no ser por la presión y la adrenalina que se genera al saber que algo tiene que funcionar ya; que de alguna forma hay que hacer que esto ande, iba bien con «hacer algo de pronto», pero por alguna razón había gente con una mala imagen de eso, y posiblemente sería por la parte que sigue: «sin estudio ni preparación». Y ahí quedé por un tiempo. Luego reaccioné y lo entendí: «sin estudio ni preparación» está aplicado al «hacer algo de pronto», y ahora estaba muy claro: yo había hecho cosas que no estaban en mis plantes, y sobre las que no había estudiado su factibilidad o idoneidad, pero claramente para poder improvisar uno es quien tiene que haberse preparado y estudiado, y generalmente durante un largo período. Uno es quién no puede improvisar sin estudio ni preparación. Un buen ejemplo de esto son los músicos. Ellos hablan mucho de improvisaciones, y sólo puede improvisar el músico que sabe lo que está haciendo. Los músicos improvisan sobre elementos preestablecidos: notas, acordes, escalas, armonías y demás cosas que deben dominar para poder improvisar y que los espectadores quedemos encantados con la destreza y capacidad de un guitarrista, pianista, o lo que sea. En cualquier otro caso, cuando no se dominan mínimamente esos elementos, más que una improvisación es un delirio de notas pegadas, superpuestas y consecutivas sin ningún sentido que generarían ruido más que música y que estaría más próximo a generarnos sufrimiento que asombro o placer.

Me tomó un tiempo, pero creo que logré comprender bien esto de la improvisación. Está bien improvisar, todos improvisamos, lo que no no está bien, lo que está directamente mal, es el intentar improvisar sobre temas o disciplinas que no dominamos, eso es imposible; eso dista mucho de la improvisación, incluso posiblemente esté mucho más cerca del delirio o la locura de lo que nos imaginamos.

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