Mudanza (los vecinos)

notas-musicalesHace muy poquito me mudé. Dejé un lindo lugar, un departamento chiquito pero muy cómodo y agradable.

En ese lugar tenía un vecinito: Andrés —Andrecito le decíamos todos en el edificio—. Andrecito tiene entre 9 y 11 años (no recuerdo bien), vive con sus padres en el departamento que está pegado al que yo ocupaba, y tiene una particularidad: le gusta tocar el piano; más aún, le gusta tocar tango; quiere aprender a tocar tango. Si, si, tiene 10 años y él lo que quiere es aprender a tocar tango en el piano.

Afortunadamente —sobre todo para él— sus padres pudieron comprarle un órgano, o algo así. Uno de esos instrumentos que simulan sonar como un piano y que permiten dar los primeros pasos con el instrumento. Además Andrecito toma clases con una profesora que le enseña música.

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Orfeo, el cachorro.

liriaDespués de bastante tiempo, finalmente coordinamos y nos encontramos con Juan, mi querido Juancito -como yo lo llamo-. Ir a su casa siempre es una aventura y una sorpresa. Juancito es un todo un personaje, tenemos formas de ser y de ver las cosas muy diferentes. Digamos que son esas diferencias que solo amalgama la amistad.

Juan: —¡Por fin llegaste! ¿Te pensás que tengo todo el día para vos?

Diego: —¡Juancito querido! ¡Dejá de rezongar y dame un abrazo!

Juan: —¡Cómo te gustan las maricona'! —me dijo con una sonrisa de oreja a oreja—.

Diego: —¿Qué es eso que veo ahí? —dije con los ojos abiertos como el 2 de oro—.

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Adagio para viento interno

twitteraturaEl compositor de música clásica, Felipe Giammarco, apuñaló a un cantante folk.

La hoja del cuchillo (angosta y puntiaguda) penetró el pulmón derecho y, al salir por el flamante orificio, Felipe oyó un sonido similar al que generan ciertos instrumentos de viento. "La bemol" susurró el compositor mientras secaba la sanguinolenta hoja en su pantalón.

Acto seguido apuntó y pinchó el otro pulmón. Quitó el cuchillo. "La sostenido… un pulmón más pequeño, sin dudas."

La vida de Giammarco cambió para siempre, no por haberse convertido en un asesino, sino por la incontenible necesidad de experimentar las posibilidades del novedoso instrumento.

Compuso un adagio y debió pinchar y registrar el sonido del viento de más de 200 pulmones hasta obtener las notas exactas para su obra.

Antes de ser esposado en su propio estudio de grabación, Felipe le hizo escuchar al sargento Bermudez su creación.

El policía, melómano, cerró los ojos, inclinó la cabeza y lagrimeó.

Autor: @gastonportal68

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El Psicoanálisis y los Hombres Sensibles

sorpresa

Jorge Allen es un buen muchacho; eso dicen sus amigos. Quienes sólo lo conocen, como Alejandro Dolina, utilizan adjetivos más variados.

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Jorge Allen regresó varias veces a ver a su terapeuta. Comprendió perfectamente su caso, lo cual no le sirvió de nada: La chica de La Paternal se casó con un consignatario de Alberti. Enterado de esta tragedia, el enamorado anunció a Finkel, su analista, su decisión de interrumpir el tratamiento.

—Usted no entiende —sentenció el analista—; el punto es ubicarlo a usted ante la realidad para que la acepte y supere el dolor.

—No deseo superar el dolor. Ya he perdido a la mujer que quería. ¿Pretende usted dejarme también sin el sufrimiento? Dígame cuánto le debo.

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