Borradores

Sobre el derecho al olvido

detener-el-tiempoEl derecho al olvido es un concepto activo, y no una cosa abstracta, que pretende borrar o modificar el pasado para de esa forma, modificar el presente y también el futuro.

Todos tenemos derecho a equivocarnos. Todos tenemos derecho a cambiar de pensamiento, de opinión, de forma de ser y de actuar. También tenemos derecho a cambiar todo lo que necesitemos y consideremos que nos permite crecer y avanzar. Tenemos derecho a cambiar cualquier cosa que antes hacíamos mal y que ahora ahora podemos o sabemos hacer mejor. Eso sí, debemos ser honestos y valientes para reconocer nuestros cambios, que antes procedíamos de una forma y que hoy lo hacemos de otra; de alguna manera reconocer y aceptar que con el conocimiento que tenemos hoy, antes actuábamos mal o de una manera equivocada.

Es sólo en ese contexto en el que podemos exigir ─y también recibir─ el derecho al olvido, el derecho a no ser juzgados ─o prejuzgados─ por cosas que hayamos dicho o pensado antes; en el contexto de la valentía y la franqueza: antes pensaba o creía tal cosa, hoy me doy cuenta que estaba equivocado: hoy soy distinto.

Indique su destino

catch-meMe sorprende la liviandad con la que las máquinas expendedoras de boletos exigen (porque lo exigen, no es algo opcional) que uno indique su destino; ¡como si eso fuera tan fácil! Pudiendo utilizar frases como «hasta donde viaja», «final de su viaje», o cosas por el estilo, ellas se han empeñado en solicitar que «indiquemos nuestro destino», y no conformes con esto limitan la elección de nuestro destino a una serie de 10 o 15 localidades o estaciones, como si éstas pudieran englobar o abarcar todo nuestro destino. Veo difícil que «Floresta» pueda incluir «infortunio, felicidad, futbolista, amor, escritor, orador», por nombrar sólo algunos destinos que alguna persona podría tener —o añorar— para su vida. ¿Será acaso éste un artilugio del mismo destino y una forma de lograr nuestra indiferencia frente a semejante palabra o frase? Las personas desfilan indiferentes frente a las máquinas, y sin dudarlo señalan que su destino es «Villa Rosa», por ejemplo, y así vacían -inconscientemente- de sentido y contenido a la palabra «destino».

Algún intento de engaño creo que hay en todo esto. En otros idiomas hay palabras especiales para referirse al destino en tanto esa fuerza superior y desconocida que marca y señala el camino de nuestras vidas, y al destino en tanto la meta o punto final de un viaje. Por ejemplo en inglés se utiliza destiny para el primero de los casos y destination para el segundo. De esta forma, una máquina expendedora de boletos nunca le solicitará a alguien indique su destiny, sino que solicitará, por el contrario, que el usuario indique su destination.

Afortunadamente nos queda bajo la manga el artilugio del truco; del engaño. Indicarle a esta máquina que nuestro destino es «Colegiales», por ejemplo. Nosotros sabremos muy bien que ése no es nuestro destino, y que tampoco descenderemos en esa estación; pero la máquina creerá habernos engañado, se creerá conocedora de nuestro destino y nos dará nuestro boleto. Ambos habremos logrado lo que nos proponíamos, pero sin duda nosotros habremos ganado.

Treinta y dos

Globos     «Todos los números son interesantes», dijo Martin Gardner, y mucha razón tenía.

32 es la quinta potencia de dos,
es el código telefónico internacional de Bélgica.
A los 32º Fahrenheit el agua se congela;
32 piezas se disponen sobre un tablero de ajedrez,
y hay 32 piezas dentales hay en nuestra boca.
32 es también un número compuesto,
al mismo tiempo que es un número defectivo.
Por estas, y algunas otras cosas
32 es un número interesante y especial.

Solemos prestar atención a los cambios de década, pero cumplir 32 años tienen una particularidad muy interesante; casi más interesante que un cambio de década. Hasta el año pasado, yo podía describir mi edad utilizando 5 bits —los mismos 5 bits que vengo utilizando desde los 16—, pero a partir de hoy necesito, como mínimo, 6 bits. Esto es bastante importante e interesante, ya que, con estos 6 bits, me alcanzará hasta los 63 años.

Por estas, y varias cosas más, el cumpleaños número 32 es muy especial; y créanme que estoy muy contento y feliz de poder cumplirlos.

¡Feliz cumpleaños a mi! :)

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Caídas

                       No todas
                               las caídas
                                           son tan
                                                      malas

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Instant-taneas

smileVivo a media cuadra de una plazoleta. A lo mejor "plazoletita" sería más justo, ya que el lugar es realmente chiquito. No hay hamacas, ni bebederos, ni juegos, ni arenero; sólo 2 árboles y 2 bancos típicos de plaza. En esta plazoleta se suelen juntar algunos cuantos pibes que, me parece, son alumnos de un secundario que está a unas 3 o 4  cuadras de ahí. El lugar me queda de paso, y casi siempre que salgo (o vuelvo) paso por ahí.

Hace unos días —10 o 12 más o menos— al pasar por la placita vi que había un pibe, de entre 15 y 17 años. Estaba solo y sentado en el único pedacito con sol de uno de los bancos. Los autos me obligaron a esperar antes de cruzar la calle y quedamos a unos 3 metros de distancia uno del otro. Giré la cabeza para verlo (por costumbre y algo de desconfianza innata) y vi que tenía una guitarra; bueno, eso es lo que me pareció por el estuche.

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Mudanza (los vecinos)

notas-musicalesHace muy poquito me mudé. Dejé un lindo lugar, un departamento chiquito pero muy cómodo y agradable.

En ese lugar tenía un vecinito: Andrés —Andrecito le decíamos todos en el edificio—. Andrecito tiene entre 9 y 11 años (no recuerdo bien), vive con sus padres en el departamento que está pegado al que yo ocupaba, y tiene una particularidad: le gusta tocar el piano; más aún, le gusta tocar tango; quiere aprender a tocar tango. Si, si, tiene 10 años y él lo que quiere es aprender a tocar tango en el piano.

Afortunadamente —sobre todo para él— sus padres pudieron comprarle un órgano, o algo así. Uno de esos instrumentos que simulan sonar como un piano y que permiten dar los primeros pasos con el instrumento. Además Andrecito toma clases con una profesora que le enseña música.

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