Política

En memoria del Dr. René Favaloro

Dr. Rene FavaloroAño 2000. Argentina estaba sumergida en una gran crisis económica y política. La Fundación Favaloro estaba endeudada en US$ 75 millones. El Dr. René Favaloro pidió ayuda al gobierno. No recibió ninguna respuesta oficial. Tras su muerte se supo que le había enviado una carta al entonces Presidente de la Nación, el Dr. Fernando de la Rúa; la carta nunca había sido leída. En la carta Favaloro expresaba su cansancio de «ser un mendigo en su propio país» y solicitaba ayuda para recaudar fondos para la Fundación. Además, expresaba que la sociedad argentina necesitaba su muerte para tomar conciencia de los problemas en los que estaba envuelta.

Hasta hoy, 13 años después, tenemos que decir que estaba equivocado: su muerte no ayudó a que los argentinos despertemos de los problemas que nos envuelven, y lo peor: su sacrificio está cayendo en el olvido.

Esta fue la última carta que el Dr. Favaloro nos dejó:

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La granja. La rebelión. La victoria.

[...] Y los animales oyeron, procediendo de los edificios de la granja, el solemne estampido de una escopeta.

—¿A qué se debe ese disparo? —preguntó Boxer.

—¡Para celebrar nuestra victoria! —gritó Squealer.

—¿Qué victoria? —exclamó Boxer. Sus rodillas estaban sangrando, había perdido una herradura, tenía rajado un casco y una docena de perdigones incrustados en una pata trasera.

—¿Qué victoria, camarada? ¿No hemos arrojado al enemigo de nuestro suelo, el suelo sagrado de "Granja Animal"?

Minería «a cuento abierto»

carpetaHace poco escribí algo sobre la lixiviación, un proceso tan controversial como peligroso y contaminante. Ese artículo finalizaba con la invitación a informarnos sobre ese proceso y sobre la minería a cielo abierto en general, porque —decía— no teníamos otra forma de poder defender nuestros recursos naturales. Decía también que a través de nuestros representantes podíamos (o debíamos) exigir la aplicación de los controles necesarios. En este punto estamos complicados, o por lo menos nos queda mucho camino por recorrer.

Una de las provincias más afectadas por la minería a cielo abierto —y por la lixiviación— es la provincia de San Juan. Seguramente te suena (aunque sea de nombre) Pascua-Lama. Pascua es una localidad que pertenece a Chile y Lama, pertenece a San Juan, Argentina; Pascua-Lama es el nombre que se le dio a un gran proyecto de minería a cielo abierto que ocupa las dos localidades. Este proyecto fue conflictivo desde sus comienzos, y su autorización, habilitación e impacto ambiental fueron algunos de los temas que se trataron en la Cámara de Diputados de la Nación. Mirá lo que decían algunas personas que —se supone— nos representan:

No me subo a la SUBE

tarjeta-subeDesde el 06/08/2012 la tarjeta SUBE (Sistema Único de Boleto Electrónico) entró en vigencia; esto es: Si tenés la tarjeta, el boleto de trenes y colectivos —en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires— te cuesta un poco menos que si no la tenés (el sistema es «único», pero no funciona en todo el país. No sé porqué). Yo soy uno de los que no tiene la tarjeta. No la tramité y no tengo pensado tramitarla. Las razones por las que no me subo a la SUBE son las siguientes:  

Privacidad

Para obtener la tarjeta del SUBE es necesario dar unos cuantos datos personales que considero innecesarios y excesivos. Tener que dejar registro del número de DNI, domicilio, teléfono y algunos otros datos me parece demasiado. Considero, además, que el día de mañana, alguien puede hacer uso indebido de la información que pueda reunirse a partir de esta tarjeta, su propietario, y su uso. Si mal no recuerdo el plan SUBE se originó debido a la falta de monedas (en la Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, las expendedoras de boletos de los colectivos funcionan sólo con monedas). En ese momento el problema eran las monedas, y no se hablaba de otra cosa, por lo que recolectar datos personales se hacía un poco difícil de explicar y justificar. Luego se argumentó que al tener los datos personales de todos los usuarios del sistema SUBE, se podría subsidiar el costo del viaje a las personas que más lo necesiten. Esta aplicación de subsidios dirigida implica, inevitablemente, un cruce de información bastante detallado y minucioso: a nadie se le dará un subsidio sólo por tener un número de documento lindo, par, capicúa o algo por el estilo. De esta forma, y con ese argumento —un poco más razonable y temerario—, comenzaron a exigir los datos personales. Y digo exigir porque si no das los datos, no te dan la tarjeta, no podes decir: «Dame una tarjeta anónima y no me des el subsidio». Ya sea que luego vayas a recibir el subsidio o no, tenés que dar los datos personales que te exigen.

Operatoria

Con la tarjeta SUBE uno lo que hace es poner dinero en una cuenta. A diferencia de otros sistemas donde uno compra viajes, con la tarjeta SUBE uno deposita dinero en una «cuenta» y luego, con ese dinero, paga sus viajes. La diferencia es la siguiente: Si uno compra hoy 20 viajes, y mañana el costo del viaje aumenta, no importa, los 20 viajes ya están comprados; uno dispone de 20 viajes que puede utilizar cuando quiera. En cambio, con la tarjeta SUBE, si hoy se depositan $20 y mañana el boleto aumenta, y pasa a costar $10, sólo se pueden hacer 2 viajes ($10 cada viaje). Uno adelanta dinero (y digo que lo adelanta porque uno se deshace del dinero) sin ningún beneficio a cambio. 

En mi caso, no tener la tarjeta SUBE me incrementó el costo de cada viaje en $0,75. Es una diferencia que hoy puedo pagar; y que prefiero pagar a cambio de defender mis convicciones y mi privacidad. No está bueno que nos acostumbremos a dar datos personales tan fácilmente, y últimamente lo hacemos con mucha frecuencia; incluso sin darnos cuenta. No importa lo que pienses del SUBE, o qué opines de las personas que ahora lo están impulsando, promoviendo y juntando datos, una vez que diste tus datos, los diste; tenés que pensar que pueden hacer con esos datos las peores manos en las que puedan caer, no las mejores. No importa si los que están ahora son buenos, o son tus amigos, pueden venir luego —y lamentablemente seguro vendrán— otros que no sean ni buenos ni tus amigos, y ellos ya van a tener todos tus datos, tus costumbres y tus movimientos a su disposición.

Entiendo que no todos los casos son iguales, que no todas las situaciones son iguales y que a todos nos aprieta el zapato en un lugar distinto, pero si estás de acuerdo con alguno de los argumentos, deberías defenderlo. Adelantar plata así como así no está bueno, y defender nuestra privacidad es nuestra obligación. Costó mucho conseguir nuestros derechos, y no merecen ser mal vendidos, al contrario, merecen nuestro compromiso y nuestra contante lucha por defenderlos, mantenerlos e incluso mejorarlos.

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DoblePensar

Su mente se deslizó por el laberíntico mundo del doblepensar. Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia; olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volver a traerlo a la memoria en cuanto se necesitara y luego olvidarlo de nuevo; y, sobre todo, aplicar el mismo proceso al procedimiento mismo. Ésta era la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no reconocer que se había realizado un acto de autosugestión. Incluso comprender la palabra doblepensar implicaba el uso del doblepensar.

George Orwell (1984)

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