Sociedad

Una estafa a gran escala. Los riesgos de una ilusión.

evoto«La tecnología puede mejorar cualquier cosa» «Podemos confiar completamente en la tecnología» «La tecnología es infalible»

Estos son algunos de los argumentos falaces con los que se intenta defender el voto electrónico. Votar usando computadoras es abrirle la puerta al fraude, a la estafa. Es probable que ya nos hayan estafado. Es probable que ya te hayan estafado. Con tecnología, y sin que te dieras cuenta. ¿Cómo? Escuchá.

Entrevista a @arilijalad (fragmento)

Votar usando computadoras es abrirle la puerta al fraude. Las computadoras ejecutan un programa, y éste puede ser cambiado o reemplazado. Puede ser reemplazado incluso durante la elección por otro diseñado, por ejemplo, para dar totales falsos, o registrar los votos emitidos por los usuarios comprometiendo así el secreto del voto. Esto y mucho más puede hacerse sin que ningún usuario note absolutamente nada.

El voto electrónico, en cualquier de sus formas, abre la puerta al fraude. Un fraude posiblemente indetectable.

Voto electrónico. Los riesgos de una ilusión.

e-votoVotar con computadoras es abrir una puerta grande al fraude. La computadora ejecuta un programa, y el programa puede ser cambiado o reemplazado. Puede ser reemplazado temporalmente durante la elección por otro diseñado para dar totales falsos. Ningún estudio del programa que debería correr puede asegurar que otro programa no actúe mal.

La votación es una actividad especial porque normalmente el votante no puede averiguar, según los totales, que su voto ha sido contado correctamente, y hay que desconfiar de todas las partes involucradas. No podemos dar por supuesto que el fabricante es honesto, ni que la autoridad electoral es honesta, ni que los dos no conspiran juntos.

El sistema electoral debe ser a prueba de todas las posibilidades, pero ésto es imposible con una computadora.

Sobre el derecho al olvido

detener-el-tiempoEl derecho al olvido es un concepto activo, y no una cosa abstracta, que pretende borrar o modificar el pasado para de esa forma, modificar el presente y también el futuro.

Todos tenemos derecho a equivocarnos. Todos tenemos derecho a cambiar de pensamiento, de opinión, de forma de ser y de actuar. También tenemos derecho a cambiar todo lo que necesitemos y consideremos que nos permite crecer y avanzar. Tenemos derecho a cambiar cualquier cosa que antes hacíamos mal y que ahora ahora podemos o sabemos hacer mejor. Eso sí, debemos ser honestos y valientes para reconocer nuestros cambios, que antes procedíamos de una forma y que hoy lo hacemos de otra; de alguna manera reconocer y aceptar que con el conocimiento que tenemos hoy, antes actuábamos mal o de una manera equivocada.

Es sólo en ese contexto en el que podemos exigir ─y también recibir─ el derecho al olvido, el derecho a no ser juzgados ─o prejuzgados─ por cosas que hayamos dicho o pensado antes; en el contexto de la valentía y la franqueza: antes pensaba o creía tal cosa, hoy me doy cuenta que estaba equivocado: hoy soy distinto.

Empecé a morir en las cárceles de la dictadura

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Quiero transcribir una nota publicada en el diario Clarín del día 03/03/12. El artículo me impactó y está acá por dos motivos: compartirlo con más gente, y duplicarlo, para que sea más difícil que se pierda.

Por Daniel Molina, periodista y crítico cultural.

¿Puede un hombre estar huérfano de futuro? Esa imposibilidad marcó a los prisioneros políticos que pasaban de la picana y de la privación del sueño a meses de absoluto aislamiento, sin saber qué les esperaba. Algunos imaginaron una vida paralela para mantenerse en pie.

Nací muerto. Eran los 50 y mi madre fue fumando a la sala de parto. Al salir del útero no respiraba y no lograron reanimarme. Me descartaron. Por suerte, una tía estaba terminando su residencia en el mismo hospital y pasó por el quirófano. No sé qué método heterodoxo aplicó sobre mi cuerpo sin vida, pero logró que yo llorase: los pulmones comenzaron a funcionar. En las primeras horas de vida fui tan horrible que cuando me llevaron para que mi madre me conociera, sus primeras palabras fueron: “¿Eso es mi hijo?”.

En memoria del Dr. René Favaloro

Dr. Rene FavaloroAño 2000. Argentina estaba sumergida en una gran crisis económica y política. La Fundación Favaloro estaba endeudada en US$ 75 millones. El Dr. René Favaloro pidió ayuda al gobierno. No recibió ninguna respuesta oficial. Tras su muerte se supo que le había enviado una carta al entonces Presidente de la Nación, el Dr. Fernando de la Rúa; la carta nunca había sido leída. En la carta Favaloro expresaba su cansancio de «ser un mendigo en su propio país» y solicitaba ayuda para recaudar fondos para la Fundación. Además, expresaba que la sociedad argentina necesitaba su muerte para tomar conciencia de los problemas en los que estaba envuelta.

Hasta hoy, 13 años después, tenemos que decir que estaba equivocado: su muerte no ayudó a que los argentinos despertemos de los problemas que nos envuelven, y lo peor: su sacrificio está cayendo en el olvido.

Esta fue la última carta que el Dr. Favaloro nos dejó:

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Sobre la Evolución de la Cultura

avanceQuiero compartir una historia que Darwin cuenta en su libro El origen del hombre. Luego de haber explicado su Teoría de la evolución en El origen de las especies, Darwin aplica las mismas ideas evolutivas pero focalizadas en la evolución de la especie humana, especialmente en su  evolución biológica. En este libro Darwin aborda temas como la psicología evolutiva y la ética evolutiva. Según el autor, la historia es verídica, y él la utiliza para hablar sobre la evolución de la cultura y la sociedad.

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