Aprender para quedarse (o para irse)

El talento en un país que forma para el mundo

En algún momento, toda conversación sobre tecnología vuelve a lo mismo: las personas.

No importa cuán sofisticados sean los sistemas, ni cuán avanzados los modelos. Sin talento, no hay desarrollo posible. Y ahí es donde aparece una de las tensiones más interesantes de Eslovenia: cómo formar capital humano de alto nivel sin que ese mismo talento termine yéndose.

El país tiene una tradición educativa sólida, especialmente en áreas técnicas. La University of Ljubljana, por ejemplo, es uno de los principales semilleros de ingenieros, matemáticos y especialistas en computación. De sus aulas salen perfiles altamente capacitados, preparados para insertarse en cualquier ecosistema tecnológico global.

Y ese es, justamente, el punto.

Porque cuando el talento alcanza cierto nivel, el mercado deja de ser local. Las oportunidades aparecen en Berlín, en Londres, en Ámsterdam. O directamente en estructuras globales que ya no requieren una ubicación física definida.

El fenómeno no es exclusivo de Eslovenia. Pero en países pequeños se siente más.

Cada profesional que se va pesa más.

Cada decisión individual tiene impacto sistémico.

Sin embargo, la historia no es solo de fuga. También hay retorno. Y, en los últimos años, un fenómeno más difuso pero igual de relevante: la conexión distribuida.

Muchos profesionales eslovenos trabajan para empresas internacionales sin dejar el país. Otros se van, pero mantienen vínculos activos: colaboraciones, proyectos, inversión, transferencia de conocimiento. La diáspora, en este sentido, no es solo pérdida. También es red.

El desafío, entonces, no es simplemente retener talento a cualquier costo. Es construir un ecosistema lo suficientemente atractivo como para que quedarse sea una opción real.

Ahí entran en juego varios factores.

Las condiciones de vida —Eslovenia ofrece seguridad, naturaleza, escala humana—. La posibilidad de trabajar en proyectos interesantes. El acceso a redes europeas. Y, cada vez más, la capacidad de desarrollar tecnología sin necesidad de migrar.

En el campo de la inteligencia artificial, esto se vuelve particularmente visible. Equipos pequeños, bien formados, trabajando en problemas específicos, muchas veces en colaboración con instituciones internacionales. Sin la presión de competir en volumen, pero con la exigencia de ser precisos.

Hay, también, una cuestión cultural.

En algunos ecosistemas, el éxito se mide por la salida: vender la empresa, mudarse, escalar lo más rápido posible. En Eslovenia, esa narrativa convive con otra más moderada. Menos urgente. Más enfocada en la sostenibilidad.

No es mejor ni peor. Es distinta.

Y en esa diferencia aparece una posible ventaja.

Porque en un mundo donde la competencia por talento es global, no todos los países pueden ganar en escala. Pero algunos pueden diferenciarse en calidad de vida, en estabilidad, en equilibrio.

La pregunta, en el fondo, no es solo cuántos se van.

Es cuántos encuentran razones para volver.

O para no irse.

Y en ese delicado equilibrio —entre formar para el mundo y construir localmente— se juega buena parte del futuro tecnológico de Eslovenia.

Un futuro que, como casi todo en este país, no se define por el tamaño.

Sino por las decisiones.

Inteligencia Artificial en versión cotidiana

Cómo un país pequeño, baja la tecnología a tierra

La inteligencia artificial suele contarse en abstracto. Modelos, algoritmos, debates sobre el futuro del trabajo. Todo eso existe, claro. Pero en algún momento, la tecnología tiene que hacer algo concreto. Tiene que resolver un problema. Ahí es donde deja de ser promesa y se convierte en herramienta.

En Eslovenia, esa transición ocurre de manera bastante natural. Tal vez porque el ecosistema no tiene el tamaño suficiente para sostener discursos grandilocuentes durante mucho tiempo. O tal vez porque, simplemente, no hay margen para la abstracción excesiva.

Uno de los casos más visibles es el de Outfit7, la empresa detrás de Talking Tom. A primera vista, parece un producto de entretenimiento ligero. Un gato que repite lo que uno dice. Pero detrás de esa simpleza hay años de trabajo en reconocimiento de voz, interacción y comportamiento digital.

No es inteligencia artificial en su versión más solemne. Es, en cambio, una forma de acercarla a millones de personas sin que tengan que pensar en ella.

Algo similar ocurre con Celtra, una compañía que aplica automatización e inteligencia artificial al mundo de la publicidad digital. Su foco no está en construir modelos teóricos, sino en optimizar procesos concretos: creación de campañas, adaptación de contenidos, eficiencia en la producción.

En otras palabras, IA aplicada a problemas que ya existen.

Este patrón se repite en distintas áreas. Startups que trabajan en análisis de datos para logística, en optimización energética, en soluciones para ciudades inteligentes. Ninguna busca “reinventar el mundo” en términos grandilocuentes. Pero todas apuntan a mejorar pequeñas partes del funcionamiento cotidiano.

Y en ese enfoque hay algo consistente.

Porque en lugar de pensar la inteligencia artificial como una ruptura total, Eslovenia parece integrarla como una capa más. Algo que se suma a lo que ya existe, que lo mejora, que lo hace un poco más eficiente o más preciso.

Incluso en sectores más tradicionales, como el turismo o el transporte, empiezan a aparecer aplicaciones concretas: sistemas de recomendación, análisis de flujo de visitantes, optimización de rutas. Nada espectacular a primera vista. Pero sí efectivo.

Hay, también, una ventaja menos evidente: la escala.

En un país chico, implementar y probar soluciones puede ser más rápido. Los circuitos de decisión son más cortos, las distancias más manejables, los actores más conectados entre sí. Lo que en otros lugares requiere años de coordinación, acá puede suceder en tiempos más acotados.

Eso no elimina los desafíos. La falta de inversión masiva, la competencia global, la dificultad de retener talento son problemas reales. Pero, al mismo tiempo, obligan a una cierta eficiencia.

A no dispersarse.

A elegir bien dónde poner el foco.

Tal vez por eso, la inteligencia artificial en Eslovenia no se presenta como una revolución estridente. No hay una narrativa épica que la rodee. Lo que hay es algo más silencioso: una integración progresiva, casi natural, en la vida cotidiana.

Una tecnología que no necesita explicarse todo el tiempo porque ya está funcionando.

En un contexto global donde la IA muchas veces se discute en términos extremos —como amenaza o como salvación—, este enfoque ofrece otra perspectiva.

Menos espectacular, sí.

Pero también más cercana.

Más concreta.

Y, en cierto sentido, más real.

El país chico que piensa en grande: IA desde la periferia

Hay una idea bastante instalada —y bastante cómoda— sobre la innovación tecnológica: que nace siempre en los mismos lugares. Que si uno quiere entender el futuro, tiene que mirar hacia Silicon Valley, o en todo caso hacia alguna gran capital europea. Todo lo demás, se supone, llega después.

Eslovenia no debería encajar en ese mapa. Es un país de poco más de dos millones de habitantes, sin gigantes tecnológicos propios ni una industria que monopolice titulares globales. Sin embargo, en los márgenes de esa geografía más visible, está desarrollando algo interesante: una manera distinta de pensar la inteligencia artificial.

No se trata de competir en escala. Ni de construir el próximo modelo masivo que concentre la atención del mundo. El enfoque es otro: más discreto, más específico y, en cierto sentido, más consciente de sus límites. Pero también, por eso mismo, más interesante.

Uno de los núcleos de ese trabajo se encuentra en el Jožef Stefan Institute, el principal centro de investigación científica del país. Allí, entre otras áreas, se desarrollan proyectos vinculados al procesamiento del lenguaje natural, un campo clave en la era de la IA. El desafío, en este caso, no es solo técnico. Es también cultural.

Porque el idioma esloveno —hablado por una comunidad relativamente pequeña— tiene una particularidad que lo vuelve especialmente complejo: conserva el número dual, una forma gramatical que se utiliza exclusivamente para referirse a dos entidades. No es singular, no es plural. Es otra cosa.

En la práctica, eso implica que un sistema de inteligencia artificial no puede limitarse a aprender estructuras generales del lenguaje. Tiene que captar matices que no existen en la mayoría de los idiomas más difundidos. Y hacerlo, además, con menos datos disponibles.

Ahí aparece una tensión interesante: la IA contemporánea tiende a crecer a partir de grandes volúmenes de información, muchas veces en inglés o en idiomas dominantes. Pero ¿qué pasa cuando el idioma no tiene esa escala? ¿Qué ocurre cuando cada forma lingüística encierra una especificidad que no puede perderse sin que el sistema deje de entender correctamente?

En Eslovenia, esa pregunta no es teórica. Es cotidiana.

Proyectos como CLASSLA o CLARIN.SI trabajan precisamente en ese terreno: construir recursos lingüísticos, corpus y herramientas que permitan entrenar modelos respetando las particularidades del idioma. No es una tarea visible para el gran público. No genera titulares espectaculares. Pero es, en cierto modo, fundamental.

Porque ahí se juega algo más que una cuestión técnica.

Se juega la posibilidad de que la inteligencia artificial no sea, simplemente, un espejo de los idiomas dominantes. Que no homogenice las formas de hablar, pensar y nombrar el mundo. Que no traduzca todo a una lógica única.

Hay, en este enfoque, una especie de resistencia silenciosa.

Mientras otros ecosistemas tecnológicos avanzan hacia modelos cada vez más generalistas, Eslovenia parece apostar por lo contrario: por preservar lo específico. Por entender que el valor no está solo en la escala, sino también en la precisión. En aquello que no se puede simplificar sin perder sentido.

Esto no significa que el país esté aislado de las tendencias globales. Al contrario: participa en redes europeas, colabora en proyectos internacionales y forma parte de un entramado científico más amplio. Pero lo hace desde un lugar propio, con una agenda que no siempre coincide con la de los grandes centros.

Tal vez por eso, su aporte resulta relevante.

Porque obliga a replantear una idea bastante extendida: que la innovación solo ocurre donde hay volumen. Eslovenia demuestra que también puede surgir donde hay cuidado. Donde hay atención al detalle. Donde se decide que incluso una forma gramatical —como el dual— merece ser entendida por las máquinas.

En un mundo donde la inteligencia artificial tiende a simplificar para escalar, esa decisión tiene algo de contracultural.

Y quizás ahí esté su mayor valor.

No en competir con los gigantes, sino en recordar que el futuro tecnológico también se construye desde los bordes. Desde esos lugares que, por no ser centrales, pueden permitirse pensar distinto.

A veces, más chico no significa menos.

Significa, simplemente, otra forma de mirar.

Como elegir tecnología (¿en estos días?)

Elegir un nuevo dispositivo tecnológico no es fácil. Hay muchísimas opciones, variantes, marcas, modelos, funcionalidades, etc.

Creo que estamos eligiendo mal, le estamos dando mucho lugar y protagonismo al hardware y casi nada al software. Deberíamos dejar un poco de lado las características físicas de los dispositivos y darle protagonismo a la parte que no vemos pero que sí usamos: el software.

Deberíamos relegar al hardware a un segundo lugar, y el primer lugar a la hora de decidir lo debería ocupar la frecuencia de actualizaciones de software que el fabricante ofrece. Tener un dispositivo capaz de conectarse a Internet y no mantenerlo actualizarlo, como mínimo, cada 6 meses es muy peligroso; y cada vez lo será más. No importa que el display sea 2k, 4k, u 8k, que tenga cámara de 13, 15, o 30 megapíxeles, que tenga 4G, 5G, o lo que sea: si no está al día en cuanto a actualizaciones de seguridad es un dispositivo peligroso; peligroso para él mismo, para nuestra seguridad y privacidad; y peligroso para la seguridad y privacidad de las personas que nos rodean.

La próxima vez que tengas que elegir un smartTv, un celular o lo que sea, poné tu seguridad y privacidad delante de todo, poné al software delante del hardware, preguntá: «¿cada cuánto voy a recibir actualizaciones de seguridad con esto?»

Voto electrónico. Media sanción en Diputados.

El miércoles 19 de Octubre de 2016 la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción al proyecto de ley que propone una reforma electoral para incorporar, entre otras cosas, «sufragio y escrutinio electrónico» en las elecciones de nivel nacional; esto es: implementar voto electrónico en la República Argentina.

Votar usando computadoras es abrirle la puerta (grande) al fraude.

Dar media sanción a éste proyecto, desde mi punto de vista, fue un error, sobre todo por la evidencia que muestra los inconvenientes que ya hubo en otros países del mundo como Alemania y Holanda, por ejemplo. La tendencia mundial es a alejarse del voto electrónico. Muchos países incluso lo han declarado inconstitucional; Alemania y Holanda son nuevamente un ejemplo de eso.

La media sanción al proyecto de ley quiere decir que el proyecto fue enviado a la Cámara de Senadores para su revisión y aprobación. No sabemos aún qué pasará en esa instancia.

En caso que el proyecto se convierta en ley, Argentina incorporará voto electrónico en las próximas elecciones nacionales.

El voto electrónico va a traer problemas y conflictos. Va a generar más dudas que certezas. No sé cuánto tiempo nos tomará, pero estoy seguro que en algún momento vamos a llegar a derogar esa ley y a volver a votar de forma directa (sin que una computadora medie entre nuestra voluntad y su representación). Cuando ese día llegue muchos de los impulsores y defensores del voto electrónico se van a hacer los distraídos. Es por eso que quiero dejar aquí una copia del acta de la Cámara de Diputados con el resultado de la votación; en ella se puede ver quiénes fueron los Diputados que haciendo oídos sordos a todas las recomendaciones y advertencias sobre los riesgos del voto electrónico votaron favorablemente éste proyecto.

Acta de votación.

La sonda Schiaparelli (y astronomía sin saber)

Después de 7 meses de viaje la sonda espacial europea Schiaparelli llegó a Marte; aterrizó (medio que se estrelló en realidad) sobre la superficie de Marte. Esto es algo importante, pero no nos sorprende; casi que nos parece algo normal, natural, habitual. Nos parece normal porque somos capaces de desarrollar una sensación de control y seguridad que nos hace creer que sabemos lo que pasa a nuestro alrededor; en este caso, creemos saber sobre algunas cuestiones astronómicas que -nosotros mismos- denominamos simples o básicas: creemos que sabemos astronomía básica.

La ciencia avanzó mucho, y ahora contamos con importantes herramientas:

  • Intelectuales: como el método científico que nos ha dado grandes avances en matemática, física, etc.
  • Instrumentales: como como telescopios con poderosos lentes y computadoras con gran poder de cálculo.

Éstas herramientas junto con el avance en el acceso a la educación (cada vez más personas acceden a más o mejor educación), y con el avance en el acceso a Internet (cada vez más personas tienen acceso a Internet y de mejor calidad), hacen que podamos construir en nuestra mente -con relativa facilidad- un escenario en el que entendemos algunas pocas cosas, y ésto nos da la sensación de control y seguridad.

Hace algunos años un científico ofrecía una disertación en la que hablaba de los últimos avances astronómicos de la época: contaba cómo la tierra giraba al rededor del sol, y cómo éste, a su vez, giraba al rededor de otras estrellas, y explicaba que al conjunto de estrellas se lo llamaba galaxia. Finalizada la exposición, uno de los presentes se levantó y dijo: «Todo lo que nos ha contado es una locura. La realidad es que el mundo es una placa plana que se sostiene sobre el caparazón de una tortuga gigante.» El científico respondió: «¿Si?» «¿Y sobre qué se sostiene esa tortuga gigante?». «Se cree usted muy agudo y muy listo», respondió el asistente, «¡pero hay tortugas hasta el fondo!»

Necesitamos sentir que tenemos el control de lo que nos rodea, sea el tema que sea. La información a la que accedemos, nuestra capacidad de comprenderla, procesarla e interpretarla es lo que usamos para construir esa sensación de control y seguridad.

Llegar a Marte no es fácil. Uno de los principales objetivos de la sonda Schiaparelli era estudiar y mejorar los sistemas de descenso y aterrizaje. Aún así, estando aún en la etapa de «poder aterrizar», haber llegado a Marte no nos sorprende.

Mientras tanto -mientras tratamos de aprender a aterrizar- también intentamos encontrar respuestas a preguntas mucho más complejas, como ¿de dónde viene el Universo?, ¿a dónde va?, ¿tuvo algún inicio?, si así fue, ¿qué había o qué pasó antes de él? Nuestra necesidad de sentir que tenemos el control nos llevó a esbozar algunas posibles respuestas a éstas y otras preguntas.

A lo mejor algún día encontremos respuesta a esos interrogantes que hoy nos parecen inalcanzables. Ese día posiblemente sintamos que las respuestas que hoy tenemos son tan absurdas como creer que la tierra descansa sobre una tortuga gigante.

A lo mejor algún día el hombre pise Marte, y ese día la forma de viajar y aterrizar en el planeta rojo nos resulte trivial, tal como entender hoy que la tierra gira el rededor del sol.

Mientras tanto, y aunque no sabemos bien qué es el tiempo, confiamos en que el tiempo nos dará la razón; o bien nos mostrará lo tontos que hemos sido.

Una estafa a gran escala. Los riesgos de una ilusión.

«La tecnología puede mejorar cualquier cosa» «Podemos confiar completamente en la tecnología» «La tecnología es infalible»

Estos son algunos de los argumentos falaces con los que se intenta defender el voto electrónico. Votar usando computadoras es abrirle la puerta al fraude, a la estafa. Es probable que ya nos hayan estafado. Es probable que ya te hayan estafado. Con tecnología, y sin que te dieras cuenta. ¿Cómo? Escuchá.

Entrevista a @arilijalad (fragmento)

Votar usando computadoras es abrirle la puerta al fraude. Las computadoras ejecutan un programa, y éste puede ser cambiado o reemplazado. Puede ser reemplazado incluso durante la elección por otro diseñado, por ejemplo, para dar totales falsos, o registrar los votos emitidos por los usuarios comprometiendo así el secreto del voto. Esto y mucho más puede hacerse sin que ningún usuario note absolutamente nada.

El voto electrónico, en cualquier de sus formas, abre la puerta al fraude. Un fraude posiblemente indetectable.

Los riesgos de una ilusión.

Un programa, cualquiera sea, no obedece al usuario; sólo obedece su programador.

Votar usando computadoras es abrirle la puerta al fraude. Las computadoras ejecutan un programa, y éste puede ser cambiado o reemplazado. Puede ser reemplazado incluso durante la elección por otro diseñado, por ejemplo, para dar totales falsos, o registrar los votos emitidos por los usuarios comprometiendo así el secreto del voto. Esto y mucho más puede hacerse sin que ningún usuario note absolutamente nada.

Reemplazar el software utilizado por las máquinas de voto electrónico es muy algo simple de hacer y que ya sucedió en varias ocasiones.

A continuación dos casos de reemplazo de software en dos sistemas distintos, almacenados en medios distintos; en países distintos y en años distintos.

Argentina. Año 2011.

 Holanda. Año 2006.

Voto electrónico. Los riesgos de una ilusión.

Votar con computadoras es abrir una puerta grande al fraude. La computadora ejecuta un programa, y el programa puede ser cambiado o reemplazado. Puede ser reemplazado temporalmente durante la elección por otro diseñado para dar totales falsos. Ningún estudio del programa que debería correr puede asegurar que otro programa no actúe mal.

La votación es una actividad especial porque normalmente el votante no puede averiguar, según los totales, que su voto ha sido contado correctamente, y hay que desconfiar de todas las partes involucradas. No podemos dar por supuesto que el fabricante es honesto, ni que la autoridad electoral es honesta, ni que los dos no conspiran juntos.

El sistema electoral debe ser a prueba de todas las posibilidades, pero ésto es imposible con una computadora.

Muchos activistas de software libre piensan que usar el software libre en la máquina de votación asegura una elección honesta. Usar software privativo es malo aquí, como siempre: el fabricante podría diseñarlo a sus anchas para fraude. Pero ser libre no basta, porque luego la autoridad electoral podría hacer el fraude. El único sistema confiable es votar con papel.

Algunos investigadores han propuesto sistemas muy sutiles de encriptación para votar. Dicen que con esos sistemas el fraude es imposible. Quizás tengan razón, pero tal conclusión no es fácil de comprobar con certeza. Si algún día parece haber un sistema de confianza para el voto digital, la sociedad debe probarlo gradualmente, a lo largo de una década. En los sistemas electorales, cambiar con prisa es arriesgar todo.

Copyright 2008 Richard Stallman
Se permite la distribución y la copia literal de este artículo en su totalidad y por cualquier medio siempre y cuando se conserve esta nota.

 

Con este prefacio de Richard Stallman comienza el libro «Voto electrónico. Los riesgos de una ilusión». Un libro que recorre la historia del voto electrónico en el mundo y en Argentina, analizando las diferentes formas de implementación propuestas, los problemas que se detectaron en cada uno y las discusiones políticas comenzaron por avalarlo para luego rechazarlo, y en la mayoría de los casos prohibirlo definitivamente.

Un libro con mucho material para entender qué es el voto electrónico y los riesgos que hay detrás de él.

Gracias a la fundación Vía Libre y a la fundación Heinrich Böll esta recopilación y análisis de la historia del voto electrónico está al alcance de todos nosotros, una recopilación y análisis fundamental que nos da la oportunidad de aprender de los errores que otros ya cometieron, y no repetirlos.

Puede obtener una copia en PDF del libro aquí. O bien directamente del sitio de la fundación Vía Libre, aquí.