Oratoria simple

Existió, por los años 350 antes de Cristo, un orador llamado León de Bizancio a quien se le suplicó que hablase a los atenienses para que se reconciliaran.

El célebre sofista, hombre de enorme barriga, subió al estrado, confiado en su verbo, y dispuesto a exhortar a los ciudadanos a la concordia. El pueblo al observarlo comenzó a reír debido a su figura grotesca.

León, sin acusar el impacto, con voz segura, dijo:

—Atenienses, ¿a qué vienen esas risas? ¿Qué harían si viesen a mi mujer, que es mucho más barrigona que yo? Con todo eso, les advierto que cuando reina entre nosotros la unión nos basta una sola cama para ser felices. En cambio, cuando estamos desavenidos, apenas entramos en toda la casa, que les aseguro es muy, pero muy grande.

Con esta oratoria simple los atenienses comprendieron inmediatamente, y en profunda reflexión, desistieron de sus rencillas domésticas. Se dieron cuenta que si la casa está desunida no puede sobrevivir.

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