Elogio de lo trucho.

Reproduzco a continuación un excelente relato que Federico Heinz ha dejado en su blog

Elogio de lo trucho

A cada rato leemos de acerca de las calamidades que provocan los “truchos” en nuestro país, culpables aparentemente de pérdidas fantastillonarias por parte de benefactoras corporaciones trasnacionales, amén de sospechosos de financiar el terrorismo internacional, difundir virus informáticos, y un sinnúmero de disparates similares. Sin embargo, ¿cuántas veces nos pasa que el único medio que nos queda para ejercer nuestro legítimo derecho pasa por lo trucho?

Andrea no quería saber nada con esas cosas raras de bajar música por Internet: había leído que las discográficas demandan a los que hacen esas cosas, y a ella no le gustaba correr riesgos. Así que cuando se abrió la tienda de música de MSN, Andrea comenzó a comprar toda su música allí, que además venía “protegida” con un sistema llamado “PlaysForSure” (algo así como “SeguroQueSuena”). Este sistema le permitía a Andrea escuchar la música que compraba en cualquier dispositivo compatible con PlaysForSure: todo lo que tenía que hacer era conectarlo brevemente a Internet y “autorizarlo”.

Hace unos días, sin embargo, Andrea se encontró con una complicación inesperada: un correo electrónico de Rob Bennet, gerente general de servicios de entretenimiento y video de MSN, anunciando que los servidores de autorización de PlaysForSure van a ser desconectados el 31 de agosto de este año. Esto quiere decir que Andrea no podrá escuchar su música en dispositivos que compre después de esa fecha, porque no podrá autorizarlos. Es cierto: va a poder seguir escuchándolos en su computadora actual — a menos que se rompa, o haga falta un upgrade signficativo de hardware o de sistema operativo. Cuando algo de eso pase, Andrea se queda sin la música por la que pagó.

La única manera que Andrea tiene de hacer valer su derecho a escuchar su música sin comprarla de nuevo es (¡horror!) recurriendo a alguno de los cracks que existen para deshabilitar PlaysForSure, o (¡horror de los horrores!) simplemente bajarla de Internet, trucha quizás, pero limpia y sin trabas tecnológicas.

Beto compró un celular y una línea en una prestadora de servicios, pero ahora se encuentra con que hay una oferta que le conviene más en otra operadora. El contrato decía que Beto se comprometía a usar ese celular por al menos un año con esa línea, pero eso fue hace un año y medio, de modo que ahora el aparato es suyo para hacer con él lo que quiera. Beto contrata la otra línea, sin teléfono, y va a las oficinas de su vieja operadora para que le “destraben” el celular, pero resulta que no es tan fácil: un empleado le informa que debido a la manera en la que funciona el sistema, sólo se lo pueden destrabar cuando termine el período de facturación, pero tienen que desactivar la línea ahora, porque de lo contrario cuando termine el período le van a generar un nuevo débito y hay que esperar un mes más…

Beto tiene en sus manos un celular suyo, que compró con dinero legítimo y que tiene derecho a usar como quiera, pero el diseño del software de la empresa donde lo compró, arbitrariamente, le impide ejercerlo. ¿La solución? Un paseo por la “zona roja” de los celulares, a que algún trucho piadoso le libere su propio aparato.

Claudia compró una laptop, y venía con el Windows incluído. Anduvo bien un tiempo, pero al cabo de un par de meses la máquina se le trabó de tal manera que decidió reinstalar el sistema operativo de cero. Cuando buscó los CDs que habían venido con la máquina, se dió cuenta de que Darío (5 años, un torbellino) los había estado usando para jugar con el perro, y eran inservibles. ¿Y ahora? Ni Microsoft ni el proveedor de la laptop entregan CDs de repuesto. La única manera que Claudia tiene de poner a funcionar nuevamente su máquina es acudiendo a los clasificados del diario, donde algún trucho emprendedor le proveerá por $10 un CD con una copia del software, de modo que pueda ejercer el derecho que tiene a instalar un sistema operativo por el que pagó.

En nombre de Andrea, Beto, Claudia, y de todos los que alguna vez hemos sido víctimas de los que venden pero no entregan, de los que cambian las reglas en medio del partido, de los que reclaman todo para sí, vaya un saludo a todos los truchos que nos ayudan a restablecer nuestro derecho, y un reconocimiento a la necesaria función social que cumplen. No nos dejen solos, los necesitamos.

Dominios .edu.ar

NIC Argentina ha delegado la gestión de los dominios .edu.ar a ARIU (Asociación Redes de Interconección Universitaria)

“La ARIU es la entidad en la que NIC Argentina delegó la responsabilidad de la operación estable y confiable de la base de datos autorizada llamada Sistema de Nombres de Dominios “edu.ar” (Domain Name System, DNS) que indexa todos los dominios “edu.ar” con los números IP (Internet Protocol).

Como la autoridad para el registro de nombres de dominios en Internet para la República Argentina, a la ARIU le atañe proveer las informaciones de lugar, relacionadas con los nombres de dominios registrados bajo .edu.ar. Además, suplir las facilidades necesarias para agilizar el proceso de registro, modificación y actualización. La ARIU facilita el registro de su dominio en forma gratuita a todas las entidades educativas de la República Argentina.”

No se especifica la razón de esta delegación, pero esperemos que sea para bien.

Peña versus D’Elía – D’Elía versus Peña

Luego del intercambio de palabras que mantuvieron Fernando Peña y Luis D’elia, Peña publicó, en el diario Crítica de la Argentina,  una “Carta abierta a Cristina“.

A continuación la carta de Peña y el audio entre Peña y D’elia.

Fernando Peña
29.03.2008

Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país… Yo seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.

Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque a veces por cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada.

Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios, revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro –mañana, por ejemplo– nadie llama. Para eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún “escándalo” o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.

Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y cortó.

Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio Luis. Me saludó con un “¿qué hacés, sorete?” y empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien parado es no ser consecuente, no ser fiel.

Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: “Chau, querido…”, enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.

Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.

Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él.

De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el Uruguay… por tierra algún día también.

Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D’Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D’Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en blanco y buenas intenciones.

Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D’Elía y gritaré: “Viva Cristina”… Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e ingenuo otra vez? Espero que no.

La saluda cordialmente,

Fernando Peña

Hormigas

Algunas cosas que desconocía de las hormigas:

  1. Se ha comprobado que el animal con el cerebro mas grande en proporción a su talla es la hormiga.
  2.  Una hormiga puede sobrevivir por hasta dos semanas b ajo el agua.
  3. La hormiga es capaz de levantar 50 veces su propio peso, y 30 veces el volumen de su cuerpo.
  4. La hormiga cae siempre hacia la derecha cuando esta intoxicada.
  5. Las hormigas existen desde hace casi 100 millones de años y se encuentran en casi todo tipo de medio ambiente terrestre.
  6. Las hormigas no tienen pulmones. Respiran a través de pequeños orificios a los costados denominados espiráculos.

Apología de Sócrates

Quiero compartir con Uds. este excelente (y breve) libro: Apología de Sócrates.

La Apología de Socrates, relatada por Platón, aproximadamente en el año 400 a. C., representa tanto una alabanza al genial filósofo, como una enseñanza al pensamiento científico.

Éste, es muchos textos a la vez, pero por sobre todo, una pieza de brillante oratoria.

Espero que lo disfruten tanto como yo.