En memoria del Dr. René Favaloro

rane_favaloroAño 2000. Argentina estaba sumergida en una gran crisis económica y política. La Fundación Favaloro estaba endeudada en US$ 75 millones. El Dr. René Favaloro pidió ayuda al gobierno. No recibió ninguna respuesta oficial.

Tras su muerte se supo que le había enviado una carta al entonces Presidente de la Nación, el Dr. Fernando de la Rúa; la carta nunca había sido leída. En la carta Favaloro expresaba su cansancio de «ser un mendigo en su propio país» y solicitaba ayuda para recaudar fondos para la Fundación. Además, expresaba que la sociedad argentina necesitaba su muerte para tomar conciencia de los problemas en los que estaba envuelta.

Hasta hoy, 13 años después, tenemos que decir que estaba equivocado: su muerte no ayudó a que los argentinos despertemos de los problemas que nos envuelven, y lo peor: su sacrificio está cayendo en el olvido.

Esta fue la última carta que el Dr. Favaloro nos dejó:

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Sobre la Evolución de la Cultura

Quiero compartir una historia que Darwin cuenta en su libro El origen del hombre. Luego de haber explicado su Teoría de la evolución en El origen de las especies, Darwin aplica las mismas ideas evolutivas pero focalizadas en la evolución de la especie humana, especialmente en su  evolución biológica. En este libro Darwin aborda temas como la psicología evolutiva y la ética evolutiva. Según el autor, la historia es verídica, y él la utiliza para hablar sobre la evolución de la cultura y la sociedad.

El doctor Landor cumplía las funciones de magistrado (lo que hoy sería un Juez) en el Oeste de Australia. Un día un nativo que acababa de perder a su esposa (a raíz de una enfermedad) fue a decirle que «se marchaba a una tribu lejana a asesinar a una mujer, como sacrificio a la memoria de su esposa». El magistrado lo amenazó con enviarlo directo a la cárcel, para siempre, si es que cometía ese asesinato; así que el nativo permaneció en la granja durante algunos meses, pero fue adelgazando hasta quedarse en los huesos; se quejaba de que no era capaz de comer ni de descansar, ya que el espíritu de su esposa le perseguía por no haber cobrado una vida en pago de la de ella.

Acá me gustaría hacer una pausa, y que puedas pensar un momento en esa parte del relato, sobre todo en el nativo y su pensamiento. El relato continúa, no sólo para cerrar la historia, sino para agregar más ideas y pensamientos referidos a la evolución cultural del hombre.

El juez se mantuvo firme en su amenazas, asegurándole que nada le salvaría del castigo si llevaba a cabo su crimen. Finalmente el hombre desapareció y no volvió hasta un año después; su aspecto era entonces mejor que nunca y su otra esposa (su nueva esposa) explicó al doctor Landor que el nativo había cumplido su misión, matando a una mujer de una tribu lejana. Era imposible obtener pruebas legales de semejante acto. El nativo no fue encarcelado.

El incumplimiento de una regla que la tribu considera sagrada —señala Darwin— da lugar a los sentimientos más profundos, y esto no tiene nada que ver con el instinto social, excepto en la medida en que esa regla se base en el criterio de la comunidad.

La pregunta que fácilmente surge es: ¿alguien puede creer, hoy en día, que ese australiano que asesinó a una mujer estaba cumpliendo el propósito de su vida y los mandatos de su difunta esposa? Sin duda alguna, todos responderíamos que no.

Está claro que el nativo de la historia se sometía al juicio de sus semejantes (sus iguales en la tribu), y eso era lo único que le importaba, y no los consejos o juicio del magistrado o los de cualquier otro. Por otro lado, cuando el doctor Landor (o cualquiera de nosotros) examina el asunto, emitimos un juicio completamente distinto, ya que aplicamos las normas de nuestra propia comunidad, y de nuestros propios tiempos.

Seguramente que con varios atenuantes y muchas diferencias, este tipo de historias se han ido repitiendo a lo largo de nuestra historia y evolución como seres humanos: cosas que ahora nos parecen espantosas, o demenciales, antes resultaban normales y naturales, y como si fuera poco, nadie se horrorizaba de su realización.

La historia se repite al mismo tiempo que avanza. Nuestra sociedad tiene hoy creencias y convicciones sobre las que toma acciones y decisiones que dentro de algunos años van a ser vistas como barbaridades; como locuras; cosas que seguro se superarán, pero que a los ojos de nuevas generaciones y culturas más evolucionadas nos harán parecer y quedar como seres inferiores.

Wi-Fi MediaConnect

Wi-Fi MediaConnect es un software que Philips provee con algunos modelos de sus televisores. En caso de extravío, el software puede descargarse de la página oficial: Philips MediaConnect, pero para poder descargarlo hay que tener a mano el código que se encuentra en la etiqueta del envoltorio del CD-ROM. Si perdiste el CD-ROM pero no la etiqueta, estás salvado; pero si perdiste todo —que creo que es lo más normal— estás frito. Por eso dejo acá la versión 1.06.43 del Wi-Fi MediaConnect para que la puedas descargar las veces que quieras y sin necesidad de ningún código. Espero que sea de utilidad.

Agrego aquí la versión de Wi-Fi MediaConnect para Mac OS junto a su guía de instalación.

La anécdota de Bohr

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: “Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro“.

El estudiante había respondido: “lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio“. Continue reading

¡Asnos estúpidos!

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.

En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.
—Naron —saludó el mensajero—. ¡Gran Señor!
—Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
—Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
—Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son?

El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.

—Ah, sí —dijo Naron—, Lo conozco. —Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.

Escribió, pues: La Tierra.

—Estas criaturas nuevas —dijo luego— han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado tan rápidamente de la inteligencia a la madurez. No será una equivocación, espero.

—De ningún modo, señor -respondió el mensajero.
—Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?
—Sí, señor.
—Bien, ése es el requisito —Naron soltó una risita—. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.

—En realidad, señor —dijo el mensajero con renuencia—, los observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.

Naron se quedó atónito.

—¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
—Todavía no, señor.
—Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?
—En su propio planeta, señor.

Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:

—¿En su propio planeta?
—Si, señor.

Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable, como nadie, en la galaxia.

—¡Asnos estúpidos! —murmuró—.

Isaac Asimov.

Diálogo

[ … ]

Vecino: Y ¿Viste?, Así es el ritmo de estos tiempos, uno se ve con sus vecinos todos los días pero casi que no los conoce.

Diego: Si, lamentablemente es así…

Vecino: ¿Vos a que te dedicas, che?

Diego: Trabajo en sistemas, básicamente.

Vecino: ¡Ah!, ¡Qué bien! Esa es una profesión con futuro. Ahora todo está conectado a una computadora, o a Internet.

Che, vos sabes que justamente tengo un problemita, ¡Que debe ser una pavada!, con unas películas que compramos por ahí. El tema es que no se ve nada. El sonido se escucha bien, pero no se ve la imagen.

Diego: Ajá. Que cosa rara….

Vecino: ¿Vos no le podrás pegar una miradita? Seguro que es una pavada.

Diego (Tratando de sacárselo de encima): Ando medio complicado de tiempo, tendríamos que ver de coordinar en algún momento. Además, eso no es mi especialidad.

Vecino: Pero eso no debe ser algo complejo. Digo, porque hoy en día ver películas es muy común en las computadoras.

Diego: Si, pero como todas las actividades, o profesiones, hay áreas de especialización; y la verdad que el área multimedia -así se llama a esa rama de la informática-, no es para nada mi especialidad. Esto pasa en todas las actividades, ¿vio? ¿Usted a que se dedica, por ejemplo?

Vecino: No, lo mío nada que ver, yo tengo una carpintería. Está de acá a unas 20 cuadras. Soy uno de los más viejos del barrio. Hace un montón que estoy ahí.

Diego (con una sonrisita en la boca): ¡Ah!, ¡Qué bien! ¿No me haces una mesa?

Vecino: Silencio

Diego: Silencio

Vecino: Bueno, Diego, me tengo que ir, che. Un gustazo. Después algún día veremos eso de los vídeos.

Diego: No hay problema. Un gusto para mi también. Nos vemos.

Últimamente ando con bastante poca paciencia, y con muy pocas pulgas, pero este diálogo y post no tienen nada que ver con mi estado de ánimo ni emocional.

Desde hace algún tiempo manejo la teoría de que la gente no se escucha a sí misma cuando habla. Valga entonces, este post, como constancia de mi primer experimento sobre este tema.

El descargo de una multa

Posiblemente hayas visto esta señal de tránsito en muchas partes, sobre todo en rutas, avenidas y autopistas.

También sabemos que infringir las leyes y señales de tránsito tiene, en el mejor de los casos, consecuencias penales y económicas.

En el poco probable caso de que hayas cometido alguna infracción de tránsito relacionada con el exceso de velocidad, y si este exceso tiene una buena y noble razón de ser, te dejo aquí una excelente forma de recurrir la sanción que te quieran imponer:

Estimado Sr. Juez:

He sido denunciado por circular a 250 km/h en la Ruta Nacional 53 cuando iba camino de mi pueblo.

Según me dijeron los Policías que me pararon, el radar me detectó a la velocidad antes indicada en un tramo limitado a 70km/h.

Yo, por mi parte, puedo decir que he visto perfectamente esa señal con el número 70 en negro, dentro del círculo rojo con el fondo blanco. Sin embargo, por más que me he fijado, no he visto ninguna unidad de medida junto al numerito 70.

Como Ud. sabrá mejor que yo, que para eso ha estudiado derecho, la Ley  19.511 (de 1972) establece que en la República Argentina el Sistema Métrico Legal Argentino (SIMELA) será el obligatorio en el país, y dentro de las reglas propiamente dichas del citado Sistema Métrico, se establece que la unidad de longitud será el metro, y la unidad de tiempo será el segundo.

No se si cuando Ud. terminó derecho le dio tiempo a hacer algo de matemáticas, pero por si acaso voy a informarle que la velocidad se mide dividiendo la distancia recorrida entre el tiempo empleado para recorrerla, por lo que, tomando la unidad de medida de la distancia (metro) y la unidad de medida del tiempo (segundo), obtendremos la unidad de medida de la velocidad: METROS POR SEGUNDO, que, tal y como nos dice la Ley anteriormente citada , SERÁ LA UNIDAD DE MEDIDA OBLIGATORIA PARA LA VELOCIDAD.

Yo no le voy a negar que fuese a 250 km/h, que de hecho los iba, pero es que la señal que yo vi sólo ponía 70, y en virtud de la ley que todos debemos respetar, y del que Ud. es el máximo exponente, no he dudado en considerar que el número 70 se refería a la unidad de la velocidad, el metro por segundo. Si Ud. hace la conversión observará que 70 m/s equivalen a 252km/h, con lo cual yo circulaba a 2 km/h por debajo de lo permitido.

Por todo lo expuesto, ruego a Ud. que me devuelva el carné de conducir y el dinero de la multa, que no están las cosas para bromas.

Dejemos este asunto en un lamentable malentendido por el que no voy a denunciar a los pobres Agentes de Policía, que bastante tienen con su arriesgado trabajo y estoy seguro que no lo hicieron con mala intención.

Aprovecho la ocasión para saludarle muy Atentamente.

La evolución de las redes sociales y la privacidad (¿y su peligrosidad?)

Las redes sociales están aun en pleno auge y expansión, creciendo y evolucionando.

Siempre se habló sobre la pérdida de privacidad que éstas redes producían, y ya están apareciendo algunos servicios que nos lo demuestran.

El fenómeno de las redes sociales comenzó presentándose como el medio (o lugar) en el que uno podía contactarse y “encontrarse” con amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc., y relacionarse de una forma mucho más amena que a través del correo electrónico. También es posible formar grupos y así relacionarse con personas con un mismo interés, gusto o hobby. Un fin muy noble, ¿no?.

La evolución de estas redes ha hecho, entre otras cosas, que se “acelere” la interacción entre las personas, dando lugar a los servicios denominados “microblogging“. Estos servicios se basan en comentar, o “postear”, con la mayor frecuencia posible, lo que uno está haciendo en cada momento. Por ejemplo, yo acabo de postear que estoy escribiendo un artículo para mi blog.

Junto con la evolución de las redes sociales y la aparición de servicios de interacción más dinámicos, ha crecido y evolucionado lo que podríamos denominar “servicios adicionales”, o “servicios complementarios”. Como ejemplo de esto podemos nombrar a Twitter y Foursqare.

Twitter es un servicio de microblogging, posiblemente el más popular por estos días, Foursqare es un complemento que permite “decirle a todos”, a través de Twitter, el lugar en el que estamos, o hacia dónde estamos llendo.

Como resultado de la unión de estos servicios, ha aparecido Please Rob Me. Please Rob Me —por favor, róbame— (nombre bastante descriptivo, ¿no?) ofrece la posibilidad de saber qué usuarios están fuera de su casa; y más precisamente, en que lugar se encuentran. Además, para que el servicio sea realmente útil, es posible realizar búsquedas filtrando por nombre de usuario de Twitter y/o por localidad.

No se si los niveles de pérdida de privacidad deben preocuparnos, y no se que se puede hacer sabiendo que alguien no está en su casa en este preciso momento, pero es algo sobre lo que tenemos que pensar.

“Si la gente se asusta y sale a comprar dólares…”

A continuación se transcribe una sección completa del libro “Estanflación” de Domingo Cavallo, editado por Sudamericana en septiembre de 2008.

Aunque parezca sorprendente, pese a las reservas acumuladas por el Banco Central, en un futuro no muy lejano el precio del dólar se puede escapar. Si para evitarlo el gobierno acentúa el control de cambios, puede reaparecer el dólar paralelo, como ocurrió tantas veces entre 1975 y 1990. Algo parecido viene ocurriendo en Venezuela desde hace varios años, a pesar de la lluvia de petrodólares que ingresan a las arcas de PDVSA.

Como esta conclusión no es obvia, me detendré a explicar por qué puede suceder que la gente salga a comprar dólares desesperadamente. Y por qué el gobierno puede llegar a acentuar los controles de cambio.

Hace ya más de doce meses que la cuenta que registra el movimiento de capitales entre la Argentina y el exterior ha pasado a ser negativa. Fuertemente negativa. En el segundo semestre de 2007 salieron por esta vía 4.800 millones de dólares y en el primer semestre de 2008 la salida aumentó a 7.200 millones. Esta última cifra ya es significativamente superior al saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que continúa siendo positiva y no muy diferente de lo que lo fue en los tres últimos años.

El saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos registra la entrada y salida de dólares por movimiento de bienes y servicios, es decir por exportaciones e importaciones, no sólo de bienes físicos, que atraviesan las fronteras, sino por servicios, como el turismo, los transportes y las finanzas. Éste sigue siendo positivo porque han aumentado mucho los precios de los productos de exportación tradicional de la Argentina, en particular la soja.

Pero a diferencia de lo que ocurrió hasta el primer semestre de 2007, ahora que el saldo de la cuenta de capital, es decir, el resultado de los movimientos netos de capitales, se ha tornado fuertemente negativo, las reservas de divisas del Banco Central han dejado de crecer y, últimamente, han comenzado a bajar.

Por eso se puede llegar a producir la paradoja de que, aunque el peso continúe mostrando signos de seguir estando subvaluado cuando se observa el atraso de las tarifas públicas y muchos otros bienes y servicios que han sido utilizados para reprimir la inflación, la percepción de los operadores del mercado de capitales sea que el peso ya ha comenzado a estar sobrevaluado, algo que los que compiten con productos importados denominan “atraso cambiario” para sugerir que sería necesario permitir una nueva devaluación.

El régimen de libre flotación cambiaria, en contraposición a uno de precio fijo o administrado del dólar, se inventó, precisamente, para encontrar un mecanismo de equilibrio que permita valuar correctamente el peso o, lo que es lo mismo, el precio del dólar en pesos, cuando existen distintas percepciones de quienes ofrecen y compran en el mercado de cambios. Pero ese mecanismo no está en funcionamiento en nuestra economía en este momento.

¿Podrá estarlo en el futuro? Lo dudo mucho, porque salvo que este gobierno cambie completamente de dirección, tanto en materia de organización de la economía cuanto de políticas económicas, va a seguir primando la estrategia de reprimir la inflación. Y ésta no lleva a la libre flotación, sino a los mayores controles de cambio y a la aparición de un mercado paralelo del dólar que puede llegar a alejarse mucho del precio fijado por el gobierno para las transacciones autorizadas.

Cuando en medio del conflicto con el campo, allá por marzo y abril de 2008, la gente se asustó y comenzó a demandar dólares, el gobierno salió a vender reservas del Banco Central para evitar que su precio subiera. Y más aún, para hacerlo bajar de 3,20 a 3,06 en el transcurso de unas pocas semanas. E hizo esto sin anunciarlo ni explicarlo, en flagrante contradicción con los persistentes anuncios de que la estrategia de crecimiento del país se basa en un precio alto para el dólar.

¿Fue esta reacción completamente inesperada para los economistas con experiencia en la Argentina? No para mí, pero sí para casi todos los demás. Especialmente para los autores ideológicos del Plan Fénix.

En realidad lo que está ocurriendo con el mercado de monedas extranjeras y la reacción del gobierno es lo que cabía esperar cuando en una economía se ha seguido una estrategia de inflación reprimida, basada en congelamientos, controles de precios y restricciones al comercio exterior, y la gente comienza a advertir que son insostenibles. Lo natural es que la población se asuste y salga a comprar dólares, como lo hizo tantas veces en el pasado ante situaciones no muy diferentes. Más aún cuando está muy desorientada por la contradicción entre el discurso del dólar alto que ha venido haciendo el gobierno y las intervenciones del Banco Central para que el precio del dólar baje.

Por el momento, quienes argumentan que es imposible que se produzca una demanda desesperada de dólares por parte de la gente que el Banco Central no pueda llegar a satisfacer muestran como prueba de sus afirmaciones el alto nivel de reservas que el Banco Central aún conserva. Pero esto es una ilusión, por no decir una alucinación.

Si descontamos las reservas los dólares que el gobierno probablemente tendrá que usar para evitar caer otra vez en una moratoria de la deuda externa en los próximos meses, más los dólares que tienen como contrapartida a las letras emitidas por el Banco Central, que sólo serán renovadas por sus tenedores si les pagan una tasa de interés cada vez más alta y gravosa para las cuentas fiscales, los dólares que le quedan al Banco Central para enfrentar una corrida en contra del peso son insignificantes.

Por eso, y porque me parece que el gobierno no permitirá que se desboque la inflación, como lo haría si el precio del dólar se escapara, pero tampoco podrá continuar con la política de los últimos meses de vender reservas, ni permitirá que las tasas de interés que debe pagar para renovar las letras que emitió para respaldar las reservas se torne extremadamente alta, sólo le quedará acentuar los controles de cambio. Es decir, restringir fuertemente la venta de dólares para usos que no considere prioritarios.

Esta conducta del gobierno es la que debe esperarse cuando se ha llevado a la economía a una situación de inflación reprimida.

Si, como es altamente probable, cuando la gente decida comprar desesperadamente dólares, se crea de hecho un mercado paralelo, las reservas del Banco Central comenzarán a disminuir por operaciones de sobrefacturación de importaciones y de subfacturación de exportaciones que fueron habituales en los períodos de multiplicidad de mercados cambiarios originados en los controles de cambio.

Cuando las reservas tengan un nivel mínimo estaremos a punto de pasar del período de estanflación, que es precisamente el período caracterizado por la existencia del mercado paralelo del dólar, a un período de hiperinflación.

Fuente: http://www.cavallo.com.ar/

Siliconas

Siempre me pareció que los taxistas son algo así como las terminaciones nerviosas de la sociedad. Son los que están en contacto directo con la gente, y son los que, involuntariamente, reciben un constante caudal de información y opiniones sobre los temas más variados.

Sea donde sea que tome un taxi, no puedo resistirme a tratar de indagar sobre como está la sociedad; de qué habla la gente, qué piensa, a qué tiene miedo, etc.

Quiero transcribir a continuación el diálogo entre un taxista y una pasajera:

Luego de un larguísimo monologo introductorio me dijo:

– En cuanto tenga dinero me pienso operar las tetas.

– ¿Para qué? – pregunté.

– Pues… para tener más.

– ¿No le basta con tener dos, como todo el mundo? (chiste fácil….)

– Me refiero a unas tetas más… grandes. (hace gestos de tamaño)

– ¡Ah! ¿Y para qué?

– Pues para sentirme más guapa.

– Claro. Disculpe, pero ¿Para qué quiere sentirse más guapa?

– Para ligar más.

– ¿Y para qué quiere ligar más?

– Para poder elegir mejor al hombre de mi vida.

– ¡Claro! No quiero resultar insistente, pero ¿Para qué quiere elegir al hombre de su vida?

– Para casarme con él.

– ¿Para casarse? ¿Y para qué quiere casarse?

– Para tener hijos.

– ¿Y para qué quiere tener hijos?

– Para cuidarlos, y verlos crecer, y todo eso. Y para quererlos y que me quieran…

– Osea, que para sentir el amor de sus hijos necesita inyectarse en el pecho el mismo material que otros usan para sellar ventanas…

– ¿Es usted psicólogo, o algo así?

– No, no… soy taxista, ¿No lo ve?

Nota: En algunas culturas no se dice que hay “mujeres feas”, sino “mujeres pobres“. Interesante, ¿no?