Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo.
Un día el hijo le dijo:
—¡Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo.
—¿Por que le llamas desgracia? —respondió el padre— Veremos lo que trae el tiempo…
A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo.
—¡Padre, qué suerte! —exclamó esta vez el muchacho— Nuestro caballo ha traído otro caballo.
—¿Por que le llamas suerte? —repuso el padre— Veamos que nos trae el tiempo.
En unos cuantos días mas, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna.
—¡Padre, qué desgracia! —exclamó ahora el muchacho— ¡Me he quebrado la pierna!
El padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentencio:
—¿Por que le llamas desgracia? ¡Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.
El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo.
La implementación de
Recientemente me encontré con un muy buen libro: “Writer 3.3 para escritores“.
Existe una tendencia generalizada que consiste en asociar el uso de hardware viejo con el uso, o instalación, de software viejo; de modo tal que, tanto hardware como software, resulten coetáneos.
La filial japonesa de
Estas cosas son así: inevitables. Simplemente suceden. No preguntan, no avisan, no esperan. El tiempo avasalla; y acá estamos: nuevamente terminando otro año.